segunda-feira, 27 de novembro de 2017

Fallece el intelectual y político cubano Armando Hart Dávalos



El reconocido intelectual y político cubano, Armando Hart Dávalos, falleció a sus 87 años esta tarde en La Habana, debido a una insuficiencia respiratoria.
Su cadáver será expuesto en el Centro de Estudios Martianos, en Calzada y 4, en el Vedado, a partir de las 9 de la noche de este domingo, donde será velado hasta las 10 de la mañana del lunes. Posteriormente por decisión familiar será cremado.
ARMANDO HART DÁVALOS
Nació en La Habana el 13 de junio de 1930.
Siendo estudiante de Derecho de la Universidad de La Habana combate la corrupción política y la traición a los ideales revolucionarios que llevaron a cabo los gobiernos de Grau y Prío. Cuando ocurre el golpe de estado el 10 de marzo de 1952, suscribe, como miembro de la FEU, una denuncia pública y participa activamente en la agitación estudiantil a favor de los principios democráticos. A nombre de la Asociación de Estudiantes de Derecho denuncia ante los tribunales la ilegitimidad del régimen. En el propio año de 1952 se gradúa de abogado.
Integró el Movimiento Nacional Revolucionario, de proyecciones democráticas, patrióticas y antimperialistas. Cuando en abril de 1953, su máximo dirigente, el profesor Rafael García Bárcena fue acusado de conspiración, lo defiende como abogado, sosteniendo ante los tribunales el derecho del pueblo a la rebelión.
Establece relaciones con jóvenes oposicionistas en diversas provincias y desde entonces desarrolla fuertes vínculos revolucionarios con Frank País. Antes de las elecciones convocadas por la tiranía en noviembre de 1954, es detenido junto a Faustino Pérez y otros compañeros en una reunión clandestina acusados de planear sabotajes y acciones de agitación. Combate públicamente a los partidos de oposición burguesa, especialmente a sus dirigentes corrompidos, acusándolos de ser incapaces de dirigir al pueblo y de ser responsables del golpe reaccionario. Señala públicamente que del pueblo surgirán dirigentes capaces de conducir la Revolución.
Es uno de los fundadores del Movimiento 26 de Julio. Pasa a integrar, junto a otros compañeros, la dirección que Fidel Castro dejó constituida en Cuba. Participa activamente en el alzamiento del 30 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba, en apoyo al desembarco del yate Granma junto a Frank País, Haydée Santamaría, Vilma Espín, Asela de los Santos y otros compañeros. Trabaja dentro de la dirección de Movimiento por organizar células en diversas provincias, estableciendo vínculos con sectores populares, obreros, campesinos y estudiantes. Participa junto a Frank País en la organización del Movimiento 26 de Julio en el llano y en el apoyo a la Sierra Maestra.
En febrero de 1957, junto a Frank País, Faustino Pérez, Haydée Santamaría, Celia Sánchez y Vilma Espín establece contacto directo de la dirección del Movimiento en el llano con la Sierra, asistiendo a una reunión con Fidel y el grupo de expedicionarios. Participa en la preparación de un grupo armado que, en marzo de 1957 es enviado a la Sierra. En ese propio año, es detenido y condenado a varios años de prisión. En la cárcel estimula a la agitación entre los presos políticos contra los crímenes y arbitrariedades de la tiranía. Cuando era conducido a los tribunales por otras acusaciones se fuga, reincorporándose a la lucha clandestina. Es nombrado Coordinador Nacional del Movimiento 26 de Julio.
A fines de 1957, sube a la Sierra Maestra. En enero de 1958 es arrestado al bajar de la Sierra y encarcelado en las prisiones de Oriente. Golpeado, vuelto a condenar y conducido más tarde al Príncipe. Cuando los sucesos del 1º de agosto de 1958 en el Príncipe, participa en los actos de protesta que dan lugar a una fuerte represión. Es trasladado a Isla de Pinos, donde permanece hasta el derrocamiento de la tiranía. Dirige con otros compañeros la organización del Movimiento 26 de Julio entre los presos políticos.
Al triunfo de la Revolución es designado Ministro de Educación, cargo que ocupó hasta 1965. Dirigió la Campaña de Alfabetización, conocida como la más vasta y eficaz llevada a cabo en América Latina, logró extender la enseñanza pública a toda la población y creó las bases para el sistema educacional cubano cuya calidad es reconocida en el orden mun¬dial.
Integró la dirección nacional del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC)… En octubre de 1965, al constituirse el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, formó parte del mismo y de su Buró Político, desempeñando las funciones de Secretario de Organización así como otras tareas que la dirección del Partido le encomendó. Desde abril de 1969 hasta julio de 1970 cumplió misiones de la dirección del Partido en la provincia Camagüey. Desde julio de 1970 hasta diciembre de 1976 fue Primer Secretario del Partido en Oriente.
Fue elegido miembro del Comité Central en el I, II, III, IV y V congreso del PCC. Fue miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba desde su constitución hasta 1997.
Fue Ministro de Cultura desde la constitución de ese organismo en 1976 hasta l997, realizó una fructífera labor al constituir numerosas instituciones culturales y una articulada red de enseñanza artística que llevó hasta los lugares más apartados del país y que posibilitó la promoción nacional e internacional del talento creador cubano en todas las disciplinas.
Fue miembro del Consejo de Estado de la República de Cuba desde su constitución hasta febrero de 2008.
Desde febrero de 1997 es director de la Oficina del Programa Martiano, y preside la Sociedad Cultural José Martí. Precisamente el centro de su múltiple actividad ha estado en la defensa de la identidad nacional cubana y la integración cultural latinoamericana y caribeña sobre el fundamento de la tradición martiana. En el plano nacional ha sido altamente considerado por su trabajo a favor de la más estrecha relación del movimiento intelectual con el conjunto de la sociedad cubana. En lo internacional fue el pionero y mayor impulsor del Foro de Ministros y Encargados de Políticas Culturales de América Latina y el Caribe, iniciado en Brasil, en 1989, un movimiento integrador, con definiciones conceptuales y programas conjuntos, destinado a reforzar las identidades y soberanía de lo que José Martí llamó “Nuestra América” y Simón Bolívar soñó como una Patria única.
Fue miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba desde su constitución y Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular desde su constitución en 1976

 

Más de siete millones de votos en elecciones de Cuba

Los colegios electorales cerraron a las 7 de la tarde (hora local) con la presencia de vecinos e inmediatamente inició el escrutinio de las boletas.
La Comisión Electoral Nacional de Cuba (CEN) informó este domingo que 7.247.590 cubanos ejercieron su derecho al voto, es decir el 82,05 por ciento de los ciudadanos de la isla, para elegir a los delegados municipales a la Asamblea Nacional del Poder Popular.
La presidenta de la CEN, Alina Balseiro, dijo que la jornada electoral de este domingo fue compleja debido a las fuertes lluvias en municipios de la región central y oriental, situación que llevó a extender por una hora la votación.
Los colegios cerraron a las 7 de la tarde (hora local) con la presencia de vecinos e inmediatamente inició el escrutinio de las boletas.
Balseiro detalló que tras el cierre de los más de 24.000 colegios electorales, las autoridades comenzaron el cómputo, empaquetamiento de boletas y el cotejo de información, para que los resultados finales se correspondan con los hasta ahora transmitidos.
Balseiro confirmó que ocho millones 451.643 cubanos fueron convocados a votar y aseguró que 24.365 colegios electorales del país funcionaron correctamente.
El vicepresidente de la Comisión Electoral Nacional, Tomás Amarán, indicó que en el proceso electoral se trabajó disciplinadamente y hubo un buen flujo de información a través de las distintas vías, así como los contactos con las autoridades electorales.
Las elecciones de este 26 de noviembre son la primera etapa de los comicios generales 2017-2018, en las que saldrán electos 12.515 delegados en igual número de circunscripciones, quienes integrarán las 168 Asambleas que existen en Cuba.
El 3 de diciembre se realizará la segunda vuelta en las circunscripciones donde ninguno de los dos candidatos obtenga más del 50 por ciento de las boletas válidas emitidas.

O último encontro de Fidel Castro

Por Atilio A. Boron

 Faz um ano que você se foi. Os meios de todo mundo disseram, com ligeiras variações, algo como “a morte levou  Fidel”. Mas, com todo respeito, Comandante, você sabe que não foi assim porque você elegeu o dia de sua morte. Perdoe meu atrevimento mas ela não veio lhe buscar; foi você, Fidel, quem a convocou para esse dia, o 25 de novembro, nem um antes, nem um depois. Quando cumpriu 90 anos, você disse  a Evo Morais e Nicolás Maduro que “até aqui chego, agora toca a vocês seguir caminho”. Mas você também seguiu seu caminho, aferrando-se à vida em uns meses mais até o momento preciso em que tinha chamado a morte para que o viesse  buscar. Nem um dia antes, nem um dia depois.
O que me leva a pensar assim? O fato de que em  cada uma das coisas que fez desde sua juventude sempre transmitiu um significado revolucionário. A simbologia da Revolução acompanhou-o toda sua vida. Você foi um maestro consumado na arte de se referir à Revolução e sua necessidade em  cada momento de sua vida, pronunciando vibrantes discursos, escrevendo milhares de notas e artigos, ou simplesmente com seus gestos. Sobreviveu milagrosamente ao assalto ao Moncada e aí, de “ pura casualidade”, você aparece ante seus juízes justo embaixo de um quadro de Martí, o autor intelectual do Moncada! Quem poderia achar que isso foi um fato casual? É verdadeiro: a morte foi  buscá-lo infinitas  vezes, mas nunca o encontrou: debochou aos esbirros de Batista que o buscavam no México e sobreviveu a mais de seiscentos atentados planejados pela CIA. Você ainda não a tinha chamado e ela, respeitosa, esperou que você o fizesse.
Um homem como você, Comandante, que fazia da precisão e da exatidão um culto, não podia ter deixado a esmo seu passo à imortalidade. Revolucionário integral e inimigo do culto à personalidade (exigiu que, à sua morte, não tivesse uma só praça, rua, edifício público em Cuba que levasse seu nome) quería que a recordação de sua morte não fosse só uma homenagem a sua pessoa. Por isso lhe ordenou que o viesse a buscar justo no mesmo dia em que, sessenta anos antes, fazia deslizar rio abaixo –sem ligar os motores– o Granma, para iniciar com seu travesía a segunda e definitiva fase de sua luta contra a tiranía de Batista. Queria dessa maneira que a data de sua desaparição se associasse a uma meta inesquecível na história da Revolução cubana. Que ao  recordar  você as seguintes gerações recordassem também que a razão de sua vida foi fazer a Revolução, e que o Granma simboliza como poucos seu legado revolucionário.
Conhecendo-o como o conheci sei que você, com sua enorme sensibilidade histórica, jamais deixaria que um gesto como este –a lembrança da epopeia do Granma– ficasse a esmo. Porque você nunca deixou nada a esmo. Sempre planificou tudo muito conscientemente. Você me disse em mais de uma ocasião “Deus não existe, mas está nos detalhes”. E alinhado com esta atitude o “detalhe” da coincidência de sua morte com a partida do Granma não podia passar inadvertida a uma mente tão lúcida como a sua, o seu olhar de águia que via mais longe e mais fundo. Além disso, seu sentido do tempo era afinadísimo e sua paixão pela pontualidade extraordinária. Você atuou toda sua vida com a precisão de um relógio suíço. Como ia deixar que a data de sua morte ocorresse em qualquer dia e sepultasse no esquecimento a partida do Granma e o início da Revolução em Cuba? Você quis que a cada ano, ao homenagear a sua figura, se recordasse também o heroico começo da Revolução naquele 25 de novembro de 1956 junto a Raúl, o Che, Camilo, Ramiro, Almeida e tantos outros. Você a chamou e a morte, que sempre respeita os grandes para valer, veio  pontualmente. Não se atreveu a desafiar seu mandato. E seus médicos também não, aos quais estou seguro lhes advertiu que não lhes ocorresse lhe aplicar medicamento algum que estragasse seu plano, que sua morte ocorresse antes ou após o que você tinha decidido. Ninguém deveria interpor a sua vontade de fazer de sua própria morte, como o tinha feito ao longo de toda sua vida, seu último grande ato revolucionário. Você o planificou com a minuciosidade de sempre , com essa “paixão pelos detalhes” e a pontualidade com que fez cada uma de suas intervenções revolucionárias. Por isso hoje, a um ano de sua partida, o recordamos como esse Prometeu continental que aborda o Granma para lhe arrebatar o fogo sagrado aos deuses do império que pregavam a passividade e a submissão para que, com ela, os povos de Nossa América acendessem o fogo da Revolução e abrissem uma nova etapa na história universal.

Até a vitória sempre, Comandante!

25 de novembro de 2017: um ano sem Fidel, viva Fidel!



SER  TRATADO COMO SERES HUMANOS
FIDEL, HUMANISTA MARTIANO
   Son numerosas las referencias de quienes trataron con frecuencia a Fidel o de quienes compartieron con él, ya fuera a solas o en grupos, acerca de su constante preocupación por atender los más diversos asuntos propios de esas personas o de cualquiera otra relacionada con él o con su trabajo. Tales testimonios  rememoran ejemplos y momentos diversos, desde   los preparativos para el asalto al cuartel Moncada hasta sus años finales, cuando su vida pública se redujo notablemente. 

   No deja de admirar cómo un líder político que alcanzó dimensiones  de talla universal, y que manifestó sistemáticamente estar muy atento a los grandes problemas de la humanidad contemporánea, no dejara de tener sus sentidos enfocados también hacia una multitud de asuntos de su propio país y de sus conciudadanos, a menudo con sus nombres y apellidos.  Es cierto que ya como jefe de estado dispuso de un aparato de apoyo y de colaboradores, casi siempre imbuidos de similares anchas preocupaciones humanistas. Basta recordar a Celia Sánchez Manduley, quien desde los días de la Sierra Maestra y hasta su deceso fue su  más  sensible y eficaz  asistenta, cuya lealtad y perspicaz ojo crítico  le mantenían al tanto de lo que pensaban y sentían hasta los cubanos más humildes y sufridos.
   Mas no caben dudas de que la personalidad de Fidel justamente exigía semejante contacto, directo y sistemático por sí mismo, y también por parte de quienes le rodeaban o ejercían cualquier función en nombre de la Revolución.  Por eso prácticamente no ha quedado rincón de Cuba, centro de trabajo, escuela, hospital, campo deportivo, que él no visitara y hablara con quienes allí residían, estudiaban o  laboraban.  Por eso no exageran  aquellos que atribuyen a su gestión personal, a su atento seguimiento, la obra de la que forman parte o en la que están involucrados de una u otra manera, y que es parte de su trayectoria personal, la de cada uno de ellos. Por eso hizo parte del modo de ser del cubano actual lo mismo defender con las armas la independencia de Angola y contribuir al fin del apartheid, que enseñar a leer y escribir en Nicaragua, que volcar todo tipo de solidaridad activa a Venezuela, que brindar asistencia médica por Latinoamérica,  África,  Asia, las islas del Océano Pacífico. Por eso asombraba su conocimiento al detalle de tantos asuntos del país y del mundo, su insistente manera de preguntar lo mismo a los más altos responsables que a los más sencillos participantes de una obra cualquiera. 
   ¿Ilimitado afán de saber? Probablemente. Pero, aún más, fue de esos individuos a los que nada humano, incluida cada persona,  les es ajeno. Su personalidad, para realizarse a plenitud,  requería de esos saberes, de esos contactos y de ese compartir  que fundamentaban su acción, sus pretensiones, sus deseos, su impulso para luchar por el mejoramiento de los seres humanos  y de las sociedades.
   Ese original y maduro concepto de Revolución que nos entregó tras su larga experiencia de liderazgo político, revela en más de uno de los rasgos  de su definición la impronta martiana de su pensamiento. Plantearse que el trato entre los seres humanos en medio de la Revolución ha de sustentarse en la propia condición humana fue planteo del Maestro y modo habitual de ejercer su práctica en todos los campos.
   Fidel se aleja de los esquemas sociológicos y teóricos para conceptualizar la Revolución, y como Martí, no la expresa solo como un  gran movimiento social, sino que la conduce también hacia el individuo. A veces se ha argüido que en la vorágine de los procesos revolucionarios, como grandes momentos transformadores que impulsan y movilizan a grandes masas y requieren de choques y rupturas hondas  que se hacen sentir en los más diversos órdenes, no cabe el individuo. Hay quien ha dicho, incluso desde posiciones consideradas marxistas,  que el individuo es sustituido por la masa.  La frase que comento de Fidel es la de un  verdadero humanista: la Revolución —la del socialismo, explicito yo— requiere de un trato entre las personas como seres humanos, de cada uno hacia los demás. Ahí radicaría una de las diferencias esenciales con  el capitalismo, que no es solo un sistema económico y social sino toda una cultura, un  modo de ver, sentir y vivir principalmente para sí.    
   Por tanto, para Fidel, la Revolución tiene que cambiar las relaciones sociales hasta en el plano interpersonal. Y quien lea y estudie el pensamiento de Martí comprende de inmediato que él también partía de semejante punto para fundamentar su idea de la república nueva cubana, antillana, que sería distinta a las repúblicas oligárquicas del continente en las que se mantuvieron las antiguas estructuras económicas y sociales de la colonia, así como su cultura, su modo de ser y de pensar excluyente de las grandes mayorías.  La república martiana, con base en las grandes mayorías, habría de alcanzar toda la justicia y no solo una parte de ella, como le escribió el Maestro  a Antonio Maceo. Y por eso proclamó Martí que la ley primera de esa república sería el culto a la dignidad plena del hombre.  

   Aunque implícito, es evidente el sentido ético en la idea de Fidel, pues se pide el respeto recíproco a la condición humana en el trato dentro de la Revolución.  Y sabemos que esa condición no era para Martí un concepto hueco, como tampoco lo fue para  Fidel. Ser tratado como ser humano significa tener acceso al trabajo, a la educación, a la salud, a la cultura artística, etc.  En dos palabras desarrollar y potenciar las capacidades, los sentimientos, la vida espiritual y los requerimientos materiales básicos como vivienda y alimentación entre otros. Si el trato respeta esa condición humana, respeta la integridad de las personas,  y se contribuye así a su desenvolvimiento y mejoría, se logran entonces la justicia y la dignidad.
   Por consiguiente, Fidel se integra al procedimiento del pensar martiano que no estableció una oposición entre individuo, sociedad y naturaleza, sino que fueron vistos todos por el Maestro como una unidad posible de alcanzar o, mejor, de recuperar. Fidel evade la dicotomía individuo-sociedad: la Revolución necesita comprender que la sociedad no es una simple suma de individuos, pero que sin estos no se puede hablar de aquella. Y ello es revolucionario porque es una manera diferente de plantearse el asunto y, a la  vez, requisito imprescindible para llegar a una sociedad más justa, más digna. Hacer revolución significa, pues, cambiar la sociedad y dentro de ello a las personas.  Y ese cambio ha de encaminarse hacia la justicia, hacia la dignidad.
   Estoy convencido de que más que cualquier doctrina filosófica y que cualquier ideología este sentido ético en Ia idea expresada por Fidel, como en todas las de ese tipo, es consecuencia de su aprehensión del pensamiento martiano. Es sabido que desde joven, a tenor con lo que ocurría entre las ideas más avanzadas en la Cuba de entonces, Fidel estudió los textos de Martí, costumbre que a todas luces mantuvo a lo largo de su existencia, como se desprende de sus constantes referencias a ideas y frases de esos escritos ante los más disímiles temas y situaciones.
   En verdad, el componente ético es característica singular del pensamiento fidelista. Por lo general sus planteos se sostienen en criterios morales, ya sea en sus señalamientos negativos hacia el capitalismo como en sus fundamentaciones de la necesidad de la Revolución y en la defensa de la obra de esta. Varias veces insistió en señalar que los seres humanos no se podían concebir como entes que seguían tras una zanahoria, al igual que  uno de los caballos de batalla de su pensar fue la consideración del peso de la conciencia en la actuación humana y en el desarrollo de la Revolución. Por eso llamaba a  crear conciencia, a que la Revolución no preparase robots o máquinas que obedeciesen a mandos, sino a personas capaces de entender y explicarse sus actos, y de decidir por sí su adscripción a las tareas de la Revolución.   Conciencia y principios fueron temas del ideario fidelista y puntales, sin duda alguna, para su concepto de Revolución  y de los seres humanos que esta debía ir formando.
   Lo interesante de tales pronunciamientos es que, además de afincarse en palabras denotativas de valores  (honra, decoro, dignidad, el bien), suelen referirse en términos afirmativos a actitudes, a conductas —bien sociales, bien individuales—,  que convierte en ejemplos por seguir.  Tal es el caso de la presente idea a que me refiero, cuyo sentido ético se expresa como el enunciado de un  deber ser  dentro de la Revolución a partir del empleo de verbos en infinitivo: ser tratado y tratar a los demás como seres humanos. Esa es tanto una aspiración como un imperativo para el quehacer de la Revolución. Apartarse de ambos sería para Fidel una manera de alejarse de la Revolución. 
   El sentido tan ampliamente inclusivo de esta idea complementa, a mi juicio, la teoría y la práctica de la lucha de clases.  Claro  que hay sectores sociales, las clases sociales, que explican en diferentes formaciones sociales las diferencias entre los seres humanos como oprimidos y opresores, ya sean amos y esclavos, siervos y señores, burgueses y proletarios, al decir de Carlos Marx. Y, obviamente, una revolución ha de quebrar las bases de esas dominaciones, de la hegemonía que se ejerce  mediante el control sobre los medios de producción.
   Mas hace tiempo sabemos que las hegemonías no se sustentan solamente en el empleo de la coerción económica y  la fuerza represiva.  Al dominado se le educa para aceptar esa dominación como algo natural, y en muchos casos en la creencia de que él puede ascender a las filas de los dominadores. El capitalismo contemporáneo ha refinado el sentido de la hegemonía al punto de que hasta los sueños, las esperanzas tienden a conformarse como parte de la aceptación del funcionamiento de ese sistema. De hecho se está robando la condición humana de  los individuos y se manipula su inconsciente. Así, aunque no lo parezca se deteriora la condición humana.  
   La idea de Fidel que comentamos, inseparable para su  verdadera comprensión del conjunto conceptual de Revolución expresado por él, se asienta justamente en la necesidad del reconocimiento por esta de la importancia de cada individuo y de la exigencia del respeto hacia él y de él para los demás.  Ello, desde luego presupone una sociedad en que no prevalezcan  las hegemonías y que permanezca alerta para que estas no resurjan por alguna vía, pues ello abriría brechas en ese camino del trato entre seres humanos.
   El concepto de Revolución de Fidel ha de entenderse como un deber ser, como una aspiración permanente. La historia nos ha enseñado que no hay procesos sociales irreversibles como el mismo Fidel advirtió, y que no solo los enemigos  pueden cambiar los rumbos de los procesos revolucionarios, sino que dentro de estos se pueden formar las fuerzas que los conduzcan a su fin.  Che Guevara nos lo dijo hace muchos años al advertir que el socialismo no se podía construir con las armas melladas del capitalismo. Fidel nos agrega que tampoco se puede avanzar por un camino diferente al del capitalismo fuera de su concepto de Revolución.
   Martí enseñó a los cubanos de su época, y nos dejó sus palabras y su ejemplo, en la idea de que la república nueva se iba formando desde la lucha por la independencia: el espíritu patriótico la impulsaba, pero para trabajar unidos se necesitaba el Partido Revolucionario Cubano, dentro del cual, en acuerdo con sus propósitos y estructura fijados en las Bases,  se iban creando los rasgos y el espíritu de esa república que sería una profunda revolución contra la dominación política hispánica y contra la hegemonía de una mentalidad,  de una cultura de vida moldeada por cuatro siglos de colonialismo y esclavitud.  Por eso, frente a la colonia con pocos y para el bien de unos pocos, habló Martí de una república con todos y para el bien de todos.  Y por eso también cuidó  que desde su gestación la república evitara los males derivados de aquella sociedad tradicional y que la guerra liberadora se hiciese con espíritu y métodos republicanos. 
   La diferente sociedad que deseamos hoy será consecuencia de un proceso histórico cuyo desenvolvimiento no puede ser espontáneo ni dejado a la buena voluntad de los que así lo queremos. Si pretendemos que la nuestra continúe siendo revolucionaria, es decir, fuera de los patrones del capitalismo hoy dominante en el mundo y que de su seno no nazcan y crezcan sus enterradores, atendamos  al concepto fidelista de revolución. La corrupción y el oportunismo  se aprovechan  de todo resquicio que se les deje. La mentalidad del capitalismo es ínsita a la sociedad mundial contemporánea.  La fuerza de la Revolución no está solo en su capacidad de romper el bloqueo económico y en la necesaria elevación de los niveles de vida del cubano. Es decisivo que este continúe sintiéndose revolucionario y actuando como tal, y que continúe asumiendo la ética humanista y de servicio de Martí. Y para ello es imprescindible aplicar el principio incluido por Fidel en su concepto de Revolución: ser tratado y tratar a los demás como seres humanos.

Pedro Pablo Rodríguez
23 de noviembre de 2017